Antes los filósofos contraían méritos para se exacrados, proscritos, encarcelados y ejecutados. No escaparon de acusación: santo Tomás, Eckhart, Descartes, Pascal, Malebranche, Spinoza, Kant, Fichte, Comte. Sufrieron el destierro: Anaxágoras, Protágoras, Aristóteles, Hobbes, Locke, La Mettrie, Wolff, Rousseau. Padecieron prisión: Averroes, Rogerio Bacon, Campanella, san Jan de la Cruz, Voltaire, Diderot, Bertrand Russell. Zenón de Elea y Anaxarco fueron bárbaramente torturados, Sócrates y Pródico fueron condenados a beber la cicuta; Séneca a abrirse las venas. Pereció después de crueles tormentos: Boecio. Murió lapidado: Ramón Llull. Sucumbió a puñaladas Siger de Brabante. Fué quemado en la hoguera Giordano Bruno. Fué botado por la ventana: Petrus Ramus. Fué decapitado: Tomás Moro. Se sucidó para escapar a la gulliotina: Condorcet.
Ahora ciertos filósofos parece que hacen todo lo posible para perder la cabeza; pero, no a la manera mártir de Tomás Moro en manos del verdugo, sino en garras de la estolidez, de la nada y del vacío. Vagabundos de lo abstracto. Fanfarrones de lo absoluto. Metafísicos de la nada. Náufragos del vacío. Ceros a la izquierda. Filosofía, no de la congoja, del desasosiego, de la angustia, de la asfixia, del estremecimiento, de la inquietud y de la zozobra como a veces pretende presentarse; sino del tedio, del ocio, del sopor, del fastidio, de la noñez, de la modorra, de la pachorra, de la apatía, del marasmo, del anquilosamiento, del letargo y de la catalepsia. No filosofía desesperada, sino desesperante.
‘Servidumbre y grandeza de la filosofía’ (1949) de Rodolf Llorens i Jordana tornarà a estar en llibreries a partir de Sant Jordi, amb pròleg de Ramon Alcoberro. La retrobada amb un clàssic que ens permet comprende amb més profunditat la filosofía catalana dels anys republicans i de l’exili. Un pensament del seriós.